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¿Es posible cambiar?

En un anterior reportaje en el ES tratamos de cómo la infancia condiciona la personalidad futura. La pregunta ahora es si posible modificar aspectos profundos de nuestra forma de ser en edad adulta

Ser menos obsesivo, superar por fin esa tendencia a la tristeza, ser menos ansioso… Muchas personas desean cambiar aspectos de su forma de ser. Pero no siempre es sencillo. Una cosa es superar una mala racha. Y otra distinta es cambiar algún aspecto de la personalidad. Una cosa es estar triste tras una ruptura de pareja. Y otra, ver la tristeza como una compañera de vida desde hace muchos años. 

La personalidad es nuestra forma de ser y de relacionarnos con los demás, con el mundo y con nosotros mismos, y se forma básicamente en lainfancia. Tiene que ver con nuestros genes y con lo que aprendemos. Un bebé aterriza en una familia y su personalidad empieza a estructurarse mediante el proceso que los psicoanalistas conocen como identificación, que consiste en asimilar rasgos de los demás para hacerlos propios. Estos rasgos serían, por tanto, los andamios con los que el niño irá creciendo y construyendo su personalidad. Y los expertos coinciden en que los primeros años de vida son cruciales para la formación de nuestra personalidad. “Se ha visto que si tienes cariño y amor sinceros por parte de tus padres cuando eres niño, de adulto tendrás más mecanismos de protección contra la ansiedad”, apunta Jesús de la Gándara, jefe del servicio de psiquiatría del Complejo Asistencial Universitario de Burgos. Una madre depresiva probablemente contribuya a que su hijo sea un adulto depresivo. Unos vínculos débiles en la infancia probablemente son la base de un adulto que tendrá dificultades en sus relaciones personales. “Muchos de los problemas que tienen que ver con la estructura, con la forma de ser, suelen deberse acuestiones no resueltas de la infancia”, explica Joan Romeu, psicoanalista. 

Así que llegamos a la edad adulta con las cartas marcadas. Con un equipaje que no hemos elegido. Cuando la vida aprieta, muchas personas abren sus maletas y no encuentran lo que necesitan para adaptarse. O lo que encuentran les causa más dolor que bienestar. El rasgo de personalidad que tuvo su utilidad en la infancia ahora es un lastre. Y eso es lo que hay que cambiar. Tomemos como ejemplo el narcisismo, la necesidad de ser admirado. “Muchas personas narcisistas fueron infravaloradas de pequeños o, lo contrario, les hacían sentir especiales, únicos. Así que aprendieron que tenían que llamar la atención. De niño puede funcionar, pero un adulto no puede ser siempre el centro de atención”, añade Romeu. Entonces, cuando el adulto ve que hay algo en su forma de ser que cojea, quizás se plantea: ¿es posible cambiar la personalidad? 

“Más que cambiar la personalidad, se pueden cambiar algunos rasgos que no son adaptativos y que se han convertido en rígidos”, explica José Miguel Ribé, psiquiatra y psicoterapeuta. “Todas las personas tenemos rasgos de todo tipo, ya sea positivos o negativos. Podemos ser obsesivos, seguros, ansiosos, valientes… El problema es cuando una persona en casi todas las situaciones es obsesiva, por ejemplo. Porque ese rasgo puede ser práctico en su trabajo pero seguramente no en su relación de pareja”. Quizás sea más fácil cambiar con treinta años que con sesenta. “Es verdad”, considera Jesús de la Gándara, “pero siempre es posible. El cerebro es el órgano más flexible que hay”.

La gran pregunta es: ¿cómo se puede cambiar? “Entendiendo que tu forma de relacionarte te causa daño y que hay otras formas más sanas de funcionar. No podemos cambiar lo que nos ha pasado en la infancia. Pero sí podemos cambiar la huella inconsciente que ha dejado en nosotros”, opina Romeu. Cambiar no implica únicamente dejar de ser obsesivo, ansioso, dependiente, miedoso, triste… No consiste sólo en reprimir ese rasgo que nos pone la zancadilla en la vida. “Uno tiene que pensar también en qué quiere ser. Vale, quiero dejar de ser depresivo y ansioso. Entonces, ¿cómo quiero construirme?”, explica Anabel López, psicoanalista del Espacio Psicoanalítico de Barcelona. 

El camino del cambio se puede emprender sin ayuda profesional. “Cada mañana, dedica tres minutos a lavarte los dientes y diez minutos a tu mente”, aconseja Jesús de la Gándara. “Intenta saber qué te pasa. Lleva un diario para ver en qué situaciones reaccionas de determinada manera. Y sé honesto”. Pero no todo el mundo tiene la paciencia para hacerlo. Es normal que muchas personas se sientan superadas. Una opción, entonces, es buscar ayuda profesional. “Con un terapeuta es más sencillo salir de los bucles mentales en los que a veces nos perdemos”, añade Anabel López. 

Volviendo a la definición de personalidad. Esta es la forma que tenemos de relacionarnos. Y una terapia psicológica es un espacio para que paciente y terapeuta vivan una relación intensa y especial que permite cambiar. “El paciente revive con el terapeuta su forma de relacionarse”, explica José Miguel Ribé. “Si el paciente es muy dependiente y necesita aprobación de los demás, la exigirá al terapeuta. O si es agresivo, lo será con el terapeuta. Éste, en lugar de responder con agresividad, quizás se quede callado o le responda con suavidad. Es decir, de una forma que el paciente no espera”. Y, así, se van produciendo movimientos emocionales más o menos intensos. “Porque lo que es evidente es que el cambio es una experiencia emocional. Aunque luego debe pasar por la razón para que uno lo entienda y lo acabe de integrar bien”. 

Pero cambiar, aunque sea con la ayuda de un terapeuta, no es un camino fácil. Y el primer escollo está en que muchas personas no saben qué deben cambiar. Se sienten mal, saben que algo no funciona, pero no consiguen saber dónde está el problema. “Y también lo que ocurre muchas veces es que el paciente dice que su pareja se queja de que es muy celoso, pero que a él no le pasa nada”, explica Anabel López. El paciente ideal sería el que llega a la consulta una vez asumido que quiere cambiar aquella pieza de su personalidad que chirría. “Pero no es frecuente. Más bien vienen porque sienten angustia, porque están mal. Empiezan a hablar de su pareja, de su familia, de sus problemas. Y poco a poco se dan cuenta de que algo pasa con ellos”. 

Cuando uno ha sentido en terapia que existen formas de funcionar mucho más saludables, toca pasar a la acción. Aunque sea poco a poco. “Recuerdo el caso de un hombre que era muy evitativo. Le costaba mucho relacionarse”, explica Mónica Lavilla, psicóloga del centro TLP-Tractaments. “No podía ni ir a comprarse ropa, porque le angustiaba hablar con la dependienta. Le dije que empezara paseando cerca de una tienda de ropa; un día entró en la tienda; otro día se probó una prenda…” Así uno se da cuenta de que puede dejar de actuar como lo hacía. De que no estamos condenados de por vida. De que una forma de ser disfuncional no es una cadena perpetua. “Si una persona es muy celosa, llegará un momento en que, aunque sienta el impulso, ya no montará un espectáculo”. Sentirá que la forma de ser que quiere dejar atrás lucha por imponerse. Sentirá ese impulso pero lo controlará. Y el cambio culminará cuando ya ni aparezca el impulso. “Cuando ya has interiorizado otra manera de actuar y ésta es parte de tu forma de ser en sustitución de la anterior”. 

Cuando uno quiere cambiar tendencias profundas de la personalidad debe tener paciencia. Los expertos coinciden en que suelen ser necesarios varios años de psicoterapia para cambiar rasgos que llevan enquistados mucho tiempo. “La gente cambia mucho. En varios años de lucha puedes transformar tu vida”, señala Anabel López. Aunque no sea un proceso lineal. Lo normal es que en un proceso de cambio uno sienta que avanza, que retrocede, que se estanca… Pueden pasar semanas o meses sin que uno note nada especial. “Y un día sientes que ya no haces lo que hacías. Ya no te pones irascible en situaciones en las que solías reaccionar así”, añade José Miguel Ribé.

Pero qué ocurre cuando alguien dice: quiero cambiar pero no puedo. ¿Alguien puede querer y no poder? “Aunque haya situaciones o rasgos que hacen sufrir, estos también tienen un beneficio secundario”, considera Anabel López. “Uno puede quejarse de que siempre está deprimido. Pero gracias a eso se ahorra enfrentarse a la vida. A nivel inconsciente no desea cambiar a pesar de que afirme lo contrario”. Por otro lado, hay felices circunstancias de la vida que tienen el poder de un curalotodo. Una persona puede llevar varios años de terapia luchando contra su tendencia a la tristeza y un día llegar a consulta cantando de alegría porque ha encontrado el amor. “Pasa con cierta frecuencia que algunas personas están mal, y, cuando se enamoran, ya se sienten bien y dejan la terapia. Pero hay que tener cuidado porque ya decía Freud que las curas por amor duran poco”. Tampoco es sencillo asumir que uno tiene rasgos negativos. Y hay que saber encajarlos con deportividad. Nuestros rincones más sombríos chocan con lo que Sigmund Freud denominaba ideal del yo, el modelo al que todos intentamos acercarnos de cómo queremos ser. “Cabe preguntarse que ha hecho uno para lograrlo. Porque muchas personas se quejan que no están realizadas profesionalmente pero no luchan demasiado”.

Así que cambiar no es sencillo. Pero es posible. Cambiar tendencias de personalidad es dejar atrás el territorio vital en el uno que lleva años instalado, aunque fuera incómodo, y explorar a machetazos una nueva forma de vivir. “Por eso creo que las personas que más se pueden beneficiar de una terapia son las que confían en el otro, en este caso el terapeuta, y se dejan llevar”, considera José Miguel Ribé. No estaría mal que se pudiera recetar confianza para un viaje tan incierto como emocionante. “A mí me gustaría poder recetar valentía y control”, apunta Jesús de la Gándara. “Valentía, porque creo que el rasgo de personalidad doloroso más frecuente es la tendencia a ser ansioso. Y la ansiedad tiene que ver mucho con el miedo a la vida. Y control, para que uno sienta que tiene las riendas de su vida”. Para llegar al final del viaje y lograr el premio gordo: “una personalidad sana, que, para mí, es la personalidad estable, segura y capaz de vincularse con los demás”. 

 

 

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Respuestas a esta discusión

Yo puedo dar fe de que si...

jeje, gracias Maite, este artículo está en www.sin-limite.net, qué casualidad.

Yo también lo creo

 

A pesar de llevar muchas cosas, aprendidas, como señala este artículo.

Bueno, yo creo que cambiar es un proceso que dura toda la vida! O si no, mejor dicho, aprender, crecer como persona, pensar, darse cuenta de cómo se pueden hacer las cosas, vivir experiencias nuevas...

Igual se cambian ciertas cosas de forma muy radical, si, por ejemplo, pensamos en adicciones o costumbres realmente nocivas, pero por otro lado, no se deja de aprender por haber cambiado en eso. Tampoco sabes cuándo vas a flaquear, en el sentido de que nada es completamente perfecto, así que está bien tener una actitud de cierta humildad.

¡¡Y también hay que decir que hay cambios que son difíciles y costosos!! Que no se cambian según qué cosas de la noche a la mañana, como quien se pone un par de calcetines. Eso depende de lo arraigado que esté lo que sea que se quiera cambiar, como, en el artículo se dice, la personalidad y algunas carencias de infancia que han marcado en la persona ciertas actitudes.

Tampoco podemos pretender no tener nunca ningún problema después de haber superado alguna circunstancia especialmente complicada. En ese sentido, tener una actitud humilde me parece más que bien y alegre y abierta a que la vida nos depare cosas buenas (jeje).  Pero no siempre es fácil .

Estoy de nuevo a la deriva, sin rumbo, sin ilusión... "ilusa de mi", pensé que lo tenía todo a casi todo superado, pero es muy difícil tirar del carro por uno mismo, sobre todo cuando nunca lo has hecho.

Muchas gracias Mari Merche por tus palabras de aliento, pero llega un momento en que te cansas de luchar, si no tienes un objetivo es difícil seguir y yo ahora  no lo tengo,  mi trabajo no me va bien, mis relaciones con los hombres son caóticas y paso de ellos, estoy algo distanciada de mi familia, mi hija no me entiende y creo que  la he perdido y con eso si que no puedo, no tengo a donde agarrarme, no tengo ganas de vivir, no encuentro sentido a la vida, no se para que estamos aqui...

pero te cansas



MARI MERCHE dijo:

Maite. Ya lo superaste una vez. Esto es una lucha continua. No te rindas y sigue luchando ok?

Muchas gracias Mari Merche, pero si te fijas ese anuncio es de noviembre, yo en estos momentos me encuentro estupendamente, mejor dicho, como nunca en mi vida... creo que te lo dije en un correo que te envie...

un beso muy fuerte

Todos vamos cambiando y adaptandonos a otra edad, otros momentos intentando salir de malos habitos o defectos que nos hacen daño o nos lastran. Siempre cambiando o mejorando ¿ Porque no ? 

Eso mismo nos preguntan a nosotras en las terapias, si una persona puede cambiar, indudablemente yo creo que si, pero esta muy claro que a unos nos cuesta mas que a otros, depende de lo que ha dicho Marina, la edad, y sobre todo las vivencias de cada uno.

Yo creo que si, estoy con Marina en que sucede. Si no es así, ¿por que hay voluntad de cambio?

Creo que todos nuestros problemas vienen de nuestra infancia... las vivencias que hemos tenido, como nos han tratado, las palabras que nos han dicho, la genética, el ambiene en el que hemos crecido, etc... se quedan grabados en nuestro subconsciente y cuando aparecen situaciones parecidas volvemos al recuerdo y hace que nos sintamos como entonces, pero claro, sin saberlo, porque en cierta manera nos  programamos... Hay técnicas para desprogramar esos programas como son la biodescodificación, la PNL, el EFT, la sofrología que nos pueden ayudar, encontrando el origen que los causó, el trauma emocional, se puede solucionar.

Yo creo como tu; Maite. Es lógico. La infancia marca, es nuestra vida... Los psicoanalistas, que es la escuela de Freud, un psiquiatra muy leído hoy día, opinan lo mismo. Que todo lo vivido, en especial si es traumático, deja una huella en la persona y por eso su terapia consiste justamente en hablar de la infancia y hablar para ver qué pasó que ocasionó en la persona un conflicto. También pienso como tu, que puede pasar que en la edad adulta, nuevas experiencias y personas nos cambien nuestra forma de ver y de vivir la vida, positivamente. Creo que hay una parte que somos nosotros mismos que es libertad y que puede elegir ver el mundo de la forma que quiera. Y como dice Victor Frankl, que tiene un vídeo en portada, que se pueden soportar situaciones muy difíciles si hay voluntad. El estuvo en un centro de refugiados en la época de los nazis, otros tienen deficiencias determinadas o problemas que muchos sabemos. (Abusos, drogas, maltratos, familiares alcohólicos, etc...)

De modo que vale la pena romper con la infancia si es negativa y re- interpretar. De hecho, muchas veces, la persona lo pide a gritos (Como quien dice). Sin duda, elegir vivir a la manera propia y no a merced de los demás, que a fin de cuentas, tampoco son perfectos ni tienen por qué serlo ni tampoco por ser familiares, por ejemplo, han de ser el único ejemplo o su ejemplo ser único para nosotros.

Un beso

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